Síntesis
Este libro es la voz del compañero cuando ya no habla el
presidente, sino el hombre enfrentado a su conciencia y a la historia.
Desde la altura del tiempo —no del poder—, estas páginas
recogen su palabra más desnuda: la que se pronuncia cuando no hay cálculo, cuando
la dignidad pesa más que la supervivencia y la lealtad no admite retrocesos.
No es un relato de acontecimientos, sino una meditación final
sobre el deber, la responsabilidad asumida sin atajos y la fe obstinada en el
ser humano.
Aquí Allende no se defiende ni se justifica.
Piensa.
Recuerda.
Entrega.
Y deja, como herencia, una pregunta que aún nos interpela:
¿qué significa vivir de pie?
Prólogo
En la Piedra del Tiempo
No vuelvo para hablar del tiempo perdido,
sino para recordar que una vida,
cuando ha sido puesta entera sobre la mesa del pueblo,
no desaparece:
se transforma en un resplandor que acompaña.
Aquí estoy,
desde un lugar donde ya no existen mandatos
ni ceremonias,
donde el silencio tiene el peso de una patria entera
pensándose a sí misma.
Vuelvo porque hay voces que no terminan con la muerte,
porque toda existencia que se entregó sin reservas
permanece abierta como una herida luminosa.
No pido ser escuchado como Presidente
ni como mártir de una hora oscura.
Habla el hombre,
el médico que alguna vez sostuvo manos temblorosas,
el chileno que caminó entre ustedes
con el corazón despierto
y la conciencia en vela.
Lo que encontrarán en estas páginas
no es un programa ni un juicio,
sino la memoria interior
de un ser humano que creyó en la dignidad
como en un fuego antiguo
que cada generación debe volver a encender.
Son las meditaciones de quien comprendió tarde,
pero no demasiado tarde,
que la vida sólo vale
si se entrega por algo más amplio que uno mismo.
Hoy,
desde este borde donde la historia calla
y el espíritu recuerda,
les hablo sin urgencias,
sin la premura de la lucha ni el estruendo de la caída.
Les hablo como quien ofrece agua
en la mitad de un desierto moral. Continuar leyendo...
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